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El Mundo que enfrentamos

Vivimos en un mundo globalizado. Tecnológico, ampliamente comunicado y dinámico. En constante evolución y cambio. El factor incertidumbre derivado de estas condiciones subyacentes, se encuentra presente en todos los escenarios imaginables y también en los no imaginables.

Por Ing. Gabriela Maria Gonzalez

Las  comunicaciones y la tecnología  cambiaron  nuestra  forma  de  vivir,  como individuos y sociedad, y por ende también cambiaron nuestra “forma de hacer negocios”. Vivimos inmersos en una RED de escala global, que representa una complejidad  desordenada  e  impredecible  y  cuyo  poder  e  influencia  debemos saber  aprovechar.  Saber  adaptar  su  lógica  de  funcionamiento,  su  efecto multiplicador,  a  las  actividades  productivas  y  comerciales.  De  lo  contrario tenderemos a desaparecer.

Para  sobrevivir  y  eventualmente  crecer  como  empresa,  debemos  aprender  a convivir  con  la  incertidumbre  y  desarrollar  la  capacidad  de  adaptarnos  a  la velocidad  de  los  cambios;  de  poder  “verlos  venir”;  de  tener  diferentes alternativas  pensadas  y  analizadas  para  cuando  los  cambios  influyen negativamente sobre la empresa o sobre el entorno.

Charles  Darwin,  el  maestro  de  la  evolución  de  las  especies,  expresó  “En  la larga historia de la humanidad (incluso de la especie animal), son aquellos que aprenden  a  colaborar  y  a  improvisar  los  que  tendrán  más  probabilidad  de prevalecer.” Ilustrando ya en el siglo XIX este concepto de poder adaptarse a los cambios y de hacerlo trabajando en equipo.

Además, nadie puede ignorar, a lo largo del desempeño empresarial, el poder y la influencia que ejercen otros factores externos a la organización, como ser las políticas económicas y los medios de comunicación. Sus vaivenes y decisiones pueden llegar a ser determinantes del éxito o fracaso en algunos casos.

Por otro lado también están los clientes, usuarios y consumidores, del producto o servicio que ofrecen las empresas a la comunidad, y sus cada vez mayores exigencias.  Ya  no  sólo  exigen  estándares  superiores  de  calidad  y  atención, sino  también  SUSTENTABILIDAD.  La  organización  debe  ser  sustentable, responsable  con  la  sociedad  local  y  global  y  responsable  con  el  medio ambiente y con el uso de recursos. La sustentabilidad es una “forma de vida” que las empresas deberán adoptar para seguir existiendo. 

Ahora bien, la pregunta que surge naturalmente es ¿cómo hacer para que una organización,  sumida  en  estas  condiciones,  alcance  sus  objetivos?  Hay muchas  respuestas  a  esta  pregunta;  sin  embargo,  muchos  coincidiremos  en que  si  la  organización  es  competente  para  elaborar  e  implementar  una adecuada estrategia, tendrá chances de lograr sus objetivos. 

Como  ya  sabemos  la  VISIÓN  EMPRESARIAL,  es  el  futuro  deseado  de  una organización; su norte. Podríamos decir entonces que dada  una determinada situación presente, la estrategia, es el camino que nos conduce desde nuestro presente hacia nuestro futuro deseado. La estrategia, es una “reflexión para la acción”;  una  elección  de  alternativas;  una  proyección  en  el  tiempo.  Dado  el marco  de  incertidumbre  y  condiciones  cambiantes  en  las  cuales  nos encontramos; debemos desarrollar la capacidad de identificar las variables que afectan  a  nuestra  organización  y  de  analizarlas  y  evaluarlas  en  distintas condiciones,  mediante  el  planteo  de  distintos  escenarios  (tanto  favorables como desfavorables) para poder, en cada caso, establecer el curso de acción. 

Otro de los factores relevantes (y que puede hacer la diferencia) a la hora de tener éxito o fracasar en el mundo empresarial, es el factor de los RECURSOS HUMANOS.  El  desarrollo  del  recurso  humano  de  una  empresa  es  clave. Debemos  desarrollar  nuevos  conocimientos  y  nuevas  habilidades  y capacidades en los empleados; desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de analizar y cuestionar las condiciones y los supuestos planteados por otros. Debemos  también  encontrar  y  potenciar  a  los  líderes  en  nuestra  empresa, abandonar  el  egoísmo  y  permitir  que  los  líderes  surjan  y  nos  guíen  en  la concreción de los objetivos empresariales (y porque no, también sociales).

El  liderazgo  empieza  con  la  voluntad,  que  es  la  única  capacidad  que,  como seres humanos, tenemos para que nuestras acciones sean consecuentes con nuestras  intenciones  y  para  elegir  nuestro  comportamiento.  Con  la  voluntad adecuada,  podemos  elegir  amar,  verbo  que  tiene  que  ver  con  identificar  y satisfacer  las  legítimas  necesidades,  no  los  deseos,  de  aquellos  a  los  que dirigimos.  Al  satisfacer  las  necesidades  de  los  otros,  estamos  llamados,  por definición, a servirles e incluso a sacrificamos por ellos. Cuando servimos a los otros  y  nos  sacrificamos  por  ellos,  estamos  forjando  nuestra  autoridad  o influencia,  por  la  «Ley  de  la  Cosecha»;  y  cuando  forjamos  nuestra  autoridad sobre la gente, entonces es cuando nos ganamos el derecho a ser llamados líderes.  “La Paradoja.  Un  relato  sobre  la  verdadera  esencia del liderazgo” de James C. Hunter.

Un líder es maestro para enseñar a sus colaboradores. Es inteligente y posee espíritu  crítico  que  le  permite  aprender  permanentemente.  Es  autoexigente para dar el ejemplo y poder exigir a los demás. Es inquieto para convivir con los cambios. Es creativo para desafiar al orden impuesto. Es generoso ya que es muy  difícil  decirle  que  no  a  alguien  que  lo  entrega  todo  y  su  generosidad promueve en sus colaboradores el desarrollo de capacidades impensables y la voluntad de seguirlo. 

Con el  advenimiento  de  red  global,  la  tecnología  y  las  comunicaciones, podemos  presenciar  también  la  caída  o  el  debilitamiento  de  algunos paradigmas clásicos; como ser el de los Rendimientos Decrecientes, el cambio de forma de las curvas de Oferta y Demanda de la economía clásica y el del concepto de Control de Calidad. 

Para  explicarlo,  en  la  economía  interconectada,  el  éxito  es  auto  reforzador; obedece  la  ley  de  los  rendimientos  crecientes.  Otra  manera  de  decirlo:  las redes  contribuyen  a  que  los  que  tienen  éxito  todavía  tengan  más  éxito. Además,  la  tecnología  crea una  oportunidad  para  que exista  una demanda  y después la satisface. En la economía interconectada cuando más se utiliza un recurso mayor es su demanda. La pendiente de la oferta es descendiente y la de la demanda es ascendente, y se cruzarán en puntos de precios más bajos. Las curvas de la oferta y la demanda se mueven ya no debido a la escasez sino  a  la  tecnología  y  al  conocimiento.  Estos  hacen  que  la  demanda  crezca más  de  prisa  de  lo  que  caen  los  precios.  Kelly  Kevin  “Nuevas  reglas  de  la nueva economía”.

Otro claro ejemplo son los paradigmas  sobre  el control  de  la  calidad  que prevalecieron  hasta  los años  70  del  siglo  XX,  la concebían  como  una actividad  de  inspección  y control  posterior  a  la producción;  su  determinación  se  basaba  en  normas  técnicas;  era  una  tarea independiente, y a cargo de órganos funcionales separados de la organización productiva. Actualmente la tendencia es la de concebirla como una filosofía de dirección  y  gestión;  preventiva  e  integrada  en  todos  los  niveles  de  la organización  (en  los  departamentos  productivos  y  no  productivos).  A  su  vez, además de satisfacer las necesidades y expectativas de los clientes externos de  la  empresa,  se  suman  las  de  los  clientes  internos  y  las  de  la sociedad/entorno.

En referencia a todo lo anteriormente expuesto, y como  opinión  personal  puedo  sintetizar  las siguientes ideas:

  • 1 - Aceptar el desafío, no resistirse. Como vimos, estamos  inmersos  en  un  mundo  globalizado, dinámico  y  con  una  alta  incertidumbre.  Las empresas,  con  el  objetivo  del  éxito  y  el crecimiento,  deben  aprender  a  evolucionar  al ritmo de los cambios, a abrazarlos, a hacerlos parte de su funcionamiento. 
  • 2 - Aprovechar las ventajas que nos brindan las redes y la “Inteligencia global”. Su efecto multiplicador y la accesibilidad al conocimiento, que cada vez se encuentra  más  disponible  para  todos  por  igual,  y  menos  reservado  para unos pocos privilegiados. 
  • 3 - Alcanzar  la  Sustentabilidad  y  hacerla  parte de los objetivos de la empresa. 
  • 4 - Desarrollar los Recursos  Humanos  de  la empresa;  en  conocimiento,  habilidades  y capacidades.  Desarrollar  el  verdadero compromiso  de  los  empleados  con  la organización;  que  es  ir  más  allá  de  las obligaciones. El compromiso es voluntario y se fundamenta en la libertad de acción. Sólo dándole libertad al empleado se puede impulsar su iniciativa, fomentar su creatividad, estimular su pasión; dones que no se pueden exigir con órdenes, ni siquiera se pueden comprar con dinero. Lo que se traduce en  promover  internamente  que  las  personas  se  ubiquen  cada  vez  más arriba según Gary Hamel y su Pirámide de las capacidades humanas en el trabajo.  De  ser  posible  también,  evolucionar  en  las  estructuras empresariales, desde un esquema verticalista de pirámide (donde el único ser pensante  es  quien  se  encuentra  en  la  punta);  a  una  red  de colaboradores  en  un  esquema  descentralizado  llamado  holocracia,  donde todos sus integrantes poseen poder de decisión, autogestión e innovación sobre  las formas  de  resolver los  problemas  que  se presentan,  y donde  la única consigna o instrucción es “hacer el trabajo de la mejor manera posible y todavía mejor que eso”.
  • 5 - Reconocer,  desarrollar,  y  dejar  surgir  a  los  líderes  de  la  empresa,  es también fundamental para la vida de la organización.